Hay que ver lo mucho que se está vendiendo la moto con la inteligencia artificial… y lo rápido que la gente se la compra. Basta abrir cualquier periódico digital para encontrarte titulares del tipo “haz tu web en 10 minutos con IA” o “el diseño web ha muerto”. Y claro, luego pasa lo que pasa: que la gente se cree que con cuatro clics y un par de prompts ya tiene un negocio funcionando. Ojalá.

La realidad es otra. El diseño web no ha muerto ni va a morir, pero sí está cambiando. Y más vale enterarse antes de que te la peguen con una web “automática” que se parece como un huevo a una patata al pantallazo que te presentan o a la demo…claro, claro, es que las cosas no son tan sencillas, majetes.

De los 30 años que llevo currando como diseñador, llevo por lo menos veinte  escuchando que los diseñadores web sobran. Que si WordPress, que si los constructores visuales, que si el no-code… siempre igual. Y, sin embargo, aquí sigo. Porque una cosa es tener herramientas y otra saber usarlas.

La diferencia ahora es que la IA va a toda leche. Le pides un texto y te lo escupe en dos segundos. Le pides una estructura y te la monta. Le pides código y te lo da. Y claro, para un negocio pequeño eso es oro. Pero ojo: que algo sea rápido no significa que sea bueno.

Lo que la IA hace bien (y oye, se agradece)

Soy un tipo justo y a cada uno lo suyo: la IA es útil. Te saca del bloqueo, te da ideas, te monta un borrador decente y te ahorra horas de trabajo mecánico. Para una landing sencilla o una web básica, cumple. De hecho, mi amigo Pepe dice que cuando Tesla comercialice Optimus, el robot humanoide, todos sobraremos y que posiblemente la IA extermine a la raza humana en un par de años… Pocos me parecen, si nos atenemos a lo que prometen.

Bueno, que me disperso. La IA hace cosas rápidas, pero claro, ahí se acaba la fiesta. Porque cuando le pides algo que requiera pensar… se le funden los plomos.
Al fin y al cabo, el cerebro humano es increíblemente lento, alrededor de 200 Hz más o menos…peeero lo que el cerebro humano tiene a su favor es que absorve información aparentemente no relevante y detalles de entorno que pueden influir en el resultado final. O sea, es creativo.

Una web no es un puñado de secciones bonitas.  Es un recorrido pensado para que alguien haga algo: confiar, comprar, contactar. Y para eso tienes que priorizar pensando en tu cliente, distribuir la información de manera que cumpla esos objetivos y tenga el tono adecuado para comunicar el mensaje que tu público objetivo desea. Y eso, queridos amigos, no se improvisa, eso se piensa. Y la IA, de momento, pensar lo que se dice pensar…Además, la IA es muy pelota y la capacidad crítica brilla por su ausencia.

Por eso tantas webs hechas “con IA” son como el pan de molde: correctas, limpias, iguales todas y sin sabor. Comparadlo con una barra de pan crujiente y dorado. ¿A que no es lo mismo?

El problema para los emprendedores

Hoy cualquiera puede tener una web. Y precisamente por eso, la mayoría de las webs no valen para nada. Si tu web no transmite la información correcta, o tienes que navegar hasta el tercer nivel para encontrar lo que te interesa y luego no ofreces información relevante y enfocada,  estás perdido y además ni te has enterado.

Esa falta de criterio y de decisiones subjetivas pueden onducir tu web a la porra. Lo barato sale caro, pero no por la herramienta sino por la falta de criterio.

El diseñador web no desaparece (lo siento por los agoreros)

El diseñador de hoy no es un pintamonas de pantallas. Es un tipo que entiende el negocio del cliente (o por lo menos lo intenta), de marketing, de comportamiento de los usuarios, de ergonomía visual… y si me apuras, hasta de diseño!  Usa la IA, claro, pero no se esconde detrás de ella.
Es decir, que si al final te encuentras con una boñiga de web, la IA se va de rositas y no se hace responsable, pero el diseñador sí. Y ahí está la diferencia.

En fin, que de momento seguimos siendo necesarios los diseñadores, por mucho que diga mi amigo Pepe (y por cierto Pepe, tu Tesla se puede hackear, y mi Harley no) y por mucho que nos digan que somos una especie en extinción perteneciente a un pasado lejano y un poco casposo, todavía tenemos algo que aportar.